La pequeña calle del centro que dio origen al dicho «Quien no pasa por la calle de la Pasa, no se casa»

Muy cerca de la Plaza Mayor existe una calle pequeña y discreta que conserva una de las expresiones populares más curiosas de la capital. La Calle de la Pasa de Madrid estuvo durante años vinculada a los trámites eclesiásticos necesarios para contraer matrimonio, y de esa circunstancia nació el conocido dicho «Quien no pasa por la calle de la Pasa, no se casa». Pero el nombre de la calle tiene, además, otra historia relacionada con una antigua costumbre de repartir alimentos entre las personas necesitadas.
Una calle pequeña con mucha historia
La Calle de la Pasa se encuentra en pleno Madrid de los Austrias, entre la zona de Puerta Cerrada y las plazas del Conde de Barajas y del Conde de Miranda. No es una de las grandes vías turísticas de la ciudad y precisamente por eso resulta fácil atravesarla sin imaginar que durante mucho tiempo tuvo una función bastante importante en la vida de numerosos madrileños.
La calle aparece ya en antiguos planos de Madrid y en el siglo XVIII figura con su denominación actual. En el número 3 se encontraba la Vicaría Eclesiástica, vinculada al complejo del Palacio Arzobispal, un lugar al que acudían quienes necesitaban gestionar determinados asuntos religiosos de la ciudad.
«Quien no pasa por la calle de la Pasa, no se casa»
El famoso refrán madrileño no nació únicamente porque las palabras pasa y casa rimaran bien. Durante una época, las parejas que querían contraer matrimonio religioso tenían que realizar allí parte de los trámites necesarios, ya que la Vicaría gestionaba los expedientes y formalidades eclesiásticas relacionados con los casamientos.
Esto convirtió la calle en un lugar muy relacionado con las bodas. Para muchas parejas, pasar por aquellas oficinas era literalmente uno de los pasos previos al matrimonio, así que el ingenio popular terminó convirtiendo esa realidad administrativa en una frase que sobrevivió durante generaciones: «El que no pasa por la calle de la Pasa, no se casa».
Lo curioso es que hoy los trámites han cambiado completamente, pero la expresión continúa asociada al callejero de Madrid. Es uno de esos casos en los que una frase sobrevive durante mucho más tiempo que la costumbre que la originó.
Pero ¿por qué se llama Calle de la Pasa?
Aquí comienza otra historia diferente.
Según la tradición recogida en fuentes históricas sobre el callejero madrileño, desde una puerta del antiguo Palacio Episcopal situada hacia esta calle se repartían pasas como limosna entre personas necesitadas. El Ayuntamiento de Madrid recoge igualmente esta explicación en uno de sus recorridos históricos por el Madrid medieval.
Una versión tradicional relaciona esta costumbre con el infante cardenal Luis Antonio Jaime de Borbón, arzobispo de Toledo en el siglo XVIII, que habría repartido diariamente pasas entre los pobres. Con el tiempo, aquella práctica habría terminado dando nombre popularmente a la vía. Como ocurre con muchos topónimos antiguos de Madrid, conviene hablar de una explicación tradicional transmitida por cronistas, y no presentarla como si dispusiéramos de un acta oficial que fijara el momento exacto en el que alguien decidió bautizar la calle.
Pasas en una calle y pan en la de al lado
La historia todavía tiene un detalle más curioso. Junto a la Calle de la Pasa se encuentra el Pasadizo del Panecillo, cuyo nombre también está relacionado tradicionalmente con el reparto de alimentos.
Según la documentación del Ayuntamiento de Madrid, allí se repartían panecillos entre personas necesitadas, mientras que en la cercana Calle de la Pasa se entregaban pasas. De esta forma, dos rincones contiguos del centro conservaron en sus nombres el recuerdo de antiguas prácticas de caridad.
Es un buen ejemplo de algo que ocurre constantemente en el Madrid antiguo: los nombres de las calles no fueron escogidos pensando en un mapa turístico, sino que muchas veces nacieron de oficios, edificios, acontecimientos, leyendas o costumbres que los propios vecinos utilizaban para identificar un lugar.
Casarse en Madrid implicaba bastante más que elegir iglesia
Hoy resulta fácil imaginar una boda como una cuestión de reservar fecha, organizar invitados y preparar la celebración. Durante siglos, sin embargo, el matrimonio religioso implicaba procedimientos administrativos y eclesiásticos que podían incluir la preparación de expedientes y la comprobación de distintos requisitos.
La propia descripción histórica de la Vicaría madrileña señala que allí se atendían los casamientos y sus formalidades eclesiásticas, además de otros asuntos relacionados con la jurisdicción religiosa. La oficina no era, por tanto, un simple despacho relacionado con bodas: formaba parte de una estructura administrativa mucho más amplia.
Con el tiempo, Madrid creó su propia diócesis y las instituciones fueron cambiando de ubicación y organización. La antigua relación práctica entre casarse y acudir a la Calle de la Pasa terminó desapareciendo, pero el refrán quedó fijado en la memoria popular.
Una calle que también ha cambiado físicamente
Incluso el aspecto de este rincón de Madrid ha cambiado con el tiempo. Fotografías históricas conservadas por el Ayuntamiento muestran que en la Calle de la Pasa existió un arco que ya ha desaparecido. En una imagen de alrededor de 1920 todavía se recoge precisamente la asociación popular entre atravesar aquel lugar y contraer matrimonio.
Ese tipo de imágenes permiten entender que el Madrid que recorremos actualmente no siempre tuvo la misma forma. Calles que hoy parecen sencillas y abiertas podían contar con pasadizos, arcos, puertas y edificios que modificaban por completo la experiencia de caminar por ellas.
Por eso resulta especialmente interesante conocer estas historias antes de recorrer el centro: ayudan a imaginar una ciudad superpuesta sobre otra, donde el trazado actual conserva nombres y recuerdos de espacios que ya no existen de la misma manera.
Busca el nombre cuando pases por allí
La próxima vez que estés cerca de la Plaza Mayor puedes desviarte unos minutos y buscar la Calle de la Pasa. No encontrarás un gran monumento ni una plaza abarrotada de visitantes, pero precisamente ahí está parte de su encanto.
Cuando veas el rótulo, recuerda que su nombre se relaciona tradicionalmente con unas pasas repartidas como limosna y que, durante años, numerosas parejas tuvieron que acudir a aquella misma calle para gestionar su futuro matrimonio. Dos historias completamente distintas terminaron uniéndose en una de las frases más conocidas del viejo Madrid.
Y si viajas en pareja, siempre puedes hacer la broma obligatoria: más vale pasar por la Calle de la Pasa por si acaso.
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Madrid está lleno de grandes monumentos, pero también de pequeñas calles cuyo nombre puede contar varios siglos de historia. Son lugares que normalmente no aparecen entre las primeras cosas que visita alguien que llega a la ciudad y que, sin embargo, permiten comprender mucho mejor cómo era la vida cotidiana del Madrid antiguo.
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En el caso de la Calle de la Pasa, la respuesta termina hablando de limosnas, palacios episcopales, antiguos trámites matrimoniales y un refrán que Madrid todavía recuerda.

